Pintura de Raymond Massey

VIAJANDO EN EL BEAGLE

En noviembre de 2010 conocimos el fin del mundo. O al menos es así como nos lo vendieron. Ushuaia, la ciudad del fin del mundo, está situada a orillas del canal Beagle, en la Tierra del Fuego argentina, una localidad de unos 100.000 habitantes que en siglos pasados vio deambular por sus calles a marineros recios buscando el Pacífico y a cazadores de ballenas buscando fortuna.

Hace casi nueve años llegar allí no supuso ningún peligroso viaje en barco sino un confortable vuelo en Aerolíneas Argentinas endulzado con alfajores. El pequeño aeropuerto de la ciudad está situado sobre una península que se adentra hacia el sur en el canal y las vistas desde sus puertas son impresionantes: montañas cubiertas de nieve allá donde mires, surgiendo del mar, recordándote que los Andes mueren en estas tierras inhóspitas, azotadas por fuertes vientos y donde en verano las temperaturas no suelen superar los 15 grados.

Fue en estas tierras, más al norte, donde Magallanes y Elcano encontraron el paso al Pacífico. Precisamente este año se conmemora el quinto centenario del inicio de aquel viaje que demostraría que la Tierra es redonda y en el que ambos fueron los protagonistas de una aventura épica en la que uno perdió la vida y el otro encontró la gloria.

Buscando información sobre ese increíble viaje de 1519, encontré un artículo del viajero Paco Nadal en El País en el que se hace referencia a los tres pasos del Atlántico al Pacífico: el estrecho de Magallanes, el canal Beagle y el cabo de Hornos. Fue la referencia al canal por el que habíamos navegado en 2010, descubierto en 1826 por el bergantín británico HMS Beagle, lo que incendió mis recuerdos y lo que me hizo ir una paso más allá y seguir la recomendación de Nadal comprando el libro ‘Hacia los confines del mundo’, del británico Harry Thompson.

La novela está basada en hechos reales acaecidos entre 1828 y 1865 y narra, entre otras cosas, el viaje del HMS Beagle circunnavegando el mundo. El auténtico protagonista del relato es el capitán del barco, Robert FitzRoy, un hombre adelantado a su época en ciertos aspectos (inventó el pronóstico del tiempo, sus cartas de navegación de Tierra del Fuego, Patagonia, Chile y las Malvinas se han seguido utilizando hasta el uso actual de la fotografía aérea…) pero con una moral y un pensamiento muy influenciados por la religión. Esto lo enfrentará frontalmente con el más famoso de los ocupantes del Beagle, el naturalista Charles Darwin, quien aprovechará el viaje alrededor del mundo como científico a bordo para observar la naturaleza, concebir su teoría de la selección natural y sentar las bases de lo que sería su obra magna, El origen de las especies.

Harry Thompson consigue que la novela navegue entre el relato de aventuras y el enfrentamiento de dos personalidades fascinantes, FiztRoy y Darwin, lo que hace doblemente interesante la narración. Chocan, como sorprendentemente aún hoy sucede, el creacionismo de uno y las teorías científicas y evolucionistas del otro. Y ese enfrentamiento es en sí un reflejo de lo que sucedía en esa época y que desembocaría en un pensamiento más moderno, alejado cada vez más de la religión y sus dogmas.

Las descripciones minuciosas de los increíbles paisajes patagónicos y de Tierra del Fuego y los detalles sobrecogedores de las monstruosas tormentas que azotan al Beagle ponen los pelos de punta, mostrando la extraordinaria capacidad de Thompson para la descripción.

‘Hacia los confines del mundo’, un viaje fascinante muy recomendable.

4.6/5

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