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ESTA CARNE SE HACE BOLA

Desde hace unos días se ha instalado en los medios de comunicación y en las redes sociales una polémica cargada de intereses acerca de la producción de carne en España. Todo surge de este artículo en The Guardian, en el que se recogen las declaraciones de Alberto Garzón, ministro de Consumo. Personalmente lo que dice Garzón me parece acertado. Como afirma él mismo “This was the first time in Spain that someone in the government was saying what the scientists have been saying for a long time.” (Esta era la primera vez en España que alguien en el gobierno decía lo que los científicos han estado diciendo durante mucho tiempo”). 

Y lo que dicen los científicos tiene que ser el camino a seguir, como se ha demostrado en la pandemia y como deberíamos hacer en este caso.

Los datos que manejan los científicos no dejan lugar a la duda: seguir consumiendo la cantidad media de carne por persona y año como hacemos hasta ahora es INSOSTENIBLE. En Europa se consumen entre 60 y 80 kilos de carne por persona al año. En EEUU llegan a los 120. En Kenia, por ejemplo, no llegan a 17 kilos. Y para producir toda esa ingente cantidad de carne, sobre todo para alimentar al llamado Primer Mundo, se necesita una inmensa cantidad de espacio, de superficie de terreno, un terreno que hay que deforestar para poder usarlo a nuestra conveniencia. 

Hoy en día cerca del 80% de todas las tierras agrícolas del planeta, el 80 %, está dedicado a producir carne y productos lácteos. De los cinco mil millones (¡5.000.000.000!) de hectáreas que existen de campos de uso agrícola, cuatro mil millones son para producir carne. Es una superficie equivalente al conjunto de Norteamérica y Sudamérica juntas. Una locura. Y en la mayoría de ese espacio no hay ni una sola vaca, ni un cerdo o pollo… La mayor parte de ese espacio se dedica a cultivar plantas con las que alimentar al ganado (como la soja). Y se cultiva en países que no son los que más carne consumen. Estos países, principalmente tropicales, arrasan sus bosques y sus praderas para cultivar pienso que luego engordará a las reses que malviven en nuestras macro granjas. 

Si tenemos en cuenta la opinión de los científicos (volvemos a ellos, ya podréis perdonar) debemos cambiar nuestra dieta y enfocarla hacia el consumo de productos vegetales, con mucha menos carne, sobre todo roja. (https://www.fao.org/3/i3004e/i3004e.pdf).

¿Y por qué hacer caso a estos científicos locos, qué sabrán ellos lo que tengo yo que comer? Pues por salud personal (menos enfermedades cardíacas y cáncer…), por salud ambiental (se dedicarán menos tierras a explotaciones agrícolas con lo que supone de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero) y por pasta, el maldito dinero… Por ejemplo, si se reducen las enfermedades asociadas al consumo excesivo de carne en 2050 se ahorraría un billón de dólares en atención sanitaria en todo el mundo. 

Todo esto nos conduciría a un cambio de costumbres que se llevaría por delante muchos puestos de trabajo. O no. El cambio no va a ser de un día para otro, así que hay tiempo de sobra para adaptarse a las nuevas circunstancias, porque, aunque el lobby de las cárnicas no lo quiera ver (y nos intente sacar una lagrimita fácil con sus anuncios navideños) el cambio ya ha empezado.

La polémica de los últimos días en torno a las declaraciones de Garzón me ha vuelto a demostrar que nos gobiernan individuos que sólo ven a un palmo de sus propias narices, preocupados más por su propio beneficio a corto plazo y acobardados por las presiones de las grandes industrias, auténticos jefes en la sombra que mueven los hilos de forma sibilina sin importarles el bien común. 

No es tanto decir que la carne sea de mejor o peor calidad sino decir bien alto que su producción, como está organizada en la actualidad, es insostenible y perjudicial y que necesitamos un cambio de costumbres, sea eso bueno o malo para el empleo o para las empresas. Un buen sueldo en un mundo muerto no sirve de nada.

Con información extraída del libro ‘Una vida en nuestro planeta’ de David Attenborough

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